Elvira Carrasco (1990) nace en una pequeña aldea de la provincia de Cuenca, España. Desde niña se encuentra abrumada por pinturas, esculturas, dibujos y libros que serán tan influyentes e importantes en su punto de partida como su propia investigación, a través de la cual descubre técnicas que años más tarde no dudará en emplear. Elvira nace como una niña curiosa, quien se da cuenta de que dibujar se convierte en una forma de salir de la realidad y se embarca en un mundo del que solo son partícipes ella, un lapicero y un papel. Admira a los grandes maestros y se deleita viendo sus obras tanto en exposiciones como en museos, algo que sin duda va a marcar la personalidad de esta niña, rodeada de un aura que le acompañará toda la vida.

Durante sus años académicos se centra en estudiar y sacar adelante sus asignaturas, dejando largos años de lado sus dotes artísticas. Estudia Historia del Arte en la Universidad de Valencia y, al terminar, consigue una beca para trabajar en la Stair Sainty Gallery de Londres. 

Fue durante su estancia en Londres cuando Elvira, inquieta por volver a hacer resurgir su creatividad, decide comprar su primera cámara de fotos, algo que llevaba deseando tener años atrás.

 Como un juego, empezó a utilizarla inmortalizando escenas de la ciudad de Londres, conoció a grafiteros a los que ella les hacía fotos mientras ellos pintaban y también creó algunos bodegones con frutas y verduras que encontraba por su barrio. Meses después de su descubrimiento, decide volver a España con el único objetivo de ser fotógrafa creativa.   

Ya en España, y concretamente, en Valencia, monta un estudio en su salón, el cual le permitirá investigarse a sí misma y conocer sus propios límites. Es en esta época cuando descubre que el autorretrato es una gran forma de comunicarse, crea escenarios en los que ella es la protagonista y descubre que puede construir escenas fantásticas con muy pocos recursos. Su enorme creatividad le permite tener la mente activa y conseguir plasmar ideas que sin su cámara nunca podría materializar. Elvira siente que sigue jugando, que es libre.


Es uno de esos días en los que trabaja consigo misma cuando decide experimentar pintando su propio rostro con pintura. Como si fuera un milagro, descubre que acaba de inventar una nueva forma de comunicación con el espectador y que, la pintura sobre su rostro es el siguiente paso a explotar. Picasso decía “La inspiración te encuentra trabajando”, y así le ocurrió. Meses después de haber comprado su cámara, fue consciente de que el objetivo de todo ese proceso era descubrir el proyecto por el que hoy en día Elvira es conocida.


Así nace “Faces Project”, un proyecto innovador, rompedor y fresco, fruto de la constancia y de la creatividad, de la investigación y el azar. Su proyecto, es una propuesta de autorretrato artístico en la que se desarrolla el “Body Art”, término que define al uso del propio cuerpo como soporte artístico o lienzo. Los artistas investigan acerca de su propia imagen desde la Prehistoria, donde encontramos pinturas rupestres que representan manos humanas tanto en positivo como en negativo. También es de sobra conocido este tipo de pintura en tribus de África, Australia o Sudamérica, donde se pinta el rostro y el cuerpo con diferentes colores extraídos de minerales, vegetales o animales  para conseguir distintas tonalidades. Estas pinturas se emplean sobre todo para celebrar rituales ceremoniales, de caza, eventos, fiestas o simplemente representan un estatus social y, al igual que lo hacen estas tribus, Elvira también emplea sus manos y dedos para aplicar la pintura sobre el rostro y crear su propio ritual. Las formas que estas tribus utilizan suelen ser líneas, círculos o incluso representaciones de animales y cada tribu tiene una forma exclusiva de pintarse, cada color o dibujo que se representa, permite cambiar totalmente la identidad de la persona, algo parecido a lo que ocurre cuando Elvira cubre por completo su cara y se camufla ante nuestros ojos.


En definitiva, la técnica del “Body Art” se ha ido desarrollando a lo largo de la historia y fue muy importante alrededor de los años 60 en Europa, con referentes como Yves Klein, quien pintaba todo el cuerpo a sus modelos para después plasmarlo en grandes superficies que dejasen evidencia de estos cuerpos desnudos.


Elvira trabaja siempre sola, a espaldas de la humanidad. Se prepara y medita antes de proceder a pintarse, siente miedo y una gran energía recorre su cuerpo, energía que será el impulso necesario para producir la obra de una sola vez, sin dudar. Realiza bocetos, apunta colores que puedan encajar en su próxima obra y piensa cuál será la combinación perfecta. Tras el ritual de la pintura, aparece la fotografía. Para dejar constancia de este trabajo, que será efímero en su piel pero quedará grabado en su cámara, Elvira se coloca frente a una ventana, la cual será fuente de luz y nos dará el punto de referencia, la ubicación en la que ha sido realizada la fotografía. Las pupilas, y los ojos en general, nos aportan una gran cantidad de información, en ellas, podemos ver el reflejo de dicha ventana, a través de la cual se introduce la luz natural y, debido a esto, puede incluso variar el color de sus ojos azules según la luminosidad del día.


El término “pupila” proviene del latín y se traducía como “niña pequeña” o “muñeca”, debido a esto, se comenzó a llamar así a nuestra parte más oscura del ojo porque si una persona mira a otra muy cerca y se centra en lo que ve en su pupila, podrá encontrar el reflejo de sí misma, parecido, según los romanos, a una muñeca o niña. Otras culturas denominan a esta aparición o figura dentro de la pupila de diferentes maneras, sin embargo, todas han llegado a fijarse en este maravilloso detalle. Esta es la filosofía de la que parte nuestra artista, dentro de sus pupilas no solo vamos a encontrar el reflejo de una ventana por el cuál conoceremos la ubicación de la artista en el momento de realizar la fotografía, sino también (con suerte) el reflejo de la propia cámara de fotos, que para Elvira se convierte en la niña de la que hablaban nuestros antepasados. La ubicación es muy importante para la artista, ella reconoce cada una de las estancias en las que ha trabajado y, por supuesto, la trasladan a ese lugar y es ahí donde entra la importancia que para ella conlleva. Desde su primer ventanal desde el que se podían ver unas espectaculares vistas a la Alameda valenciana, pasando por la ventana en la que se ve el campanario de la magnífica iglesia de su pueblo conquense, hasta su estudio actual en Valencia, un ático desde el que cada día disfruta del cielo azul, las nubes y las estrellas. Aunque su rostro aparezca oculto por la pintura y sea una obra de arte en sí, a través de sus ojos se puede ver más allá, el espectador puede acercarse a sus sentimientos, y por tanto, a ella misma. Estos ojos son muy expresivos aunque el gesto de su cara permanezca hierático, ellos nos hablan sobre sensaciones y sentimientos por los que la artista atraviesa a la hora de realizar su obra.


El autorretrato es una forma de autoconocimiento, numerosos artistas lo han utilizado a lo largo de la historia, siendo el ejercicio más complicado por el grado de conocimiento de uno mismo que esto conlleva. El término milenario “Conócete a ti mismo” del que nuestros ancestros griegos ya se preocupaban, es bien empleado por la artista, quien se empeña en conocerse y experimentar sobre sí misma en todos los aspectos. Algo imprescindible en el autorretrato es la representación de la psique, del alma humana. Se valora tanto la representación física de la persona como su carácter. Se comienzan a hacer autorretratos muy tempranamente en la historia, pero es en el Renacimiento cuando se dignifica la figura del artista y adquiere importancia su propio retrato. La forma de autorretrato evoluciona, se pasa de la representación del propio artista en la obra formando este parte de la escena y la multitud, como puede ser el caso de Rafael en “La Escuela de Atenas”, a autorretratos en los que el artista aparece solo y de manera exclusiva, atrayendo todo el protagonismo, como los autorretratos de Alberto Durero o Francisco de Goya.

Pero sin duda, si algo destaca en su obra es el color, impactante, saturado y explosivo. A Elvira le influyen sus raíces españolas y, por lo tanto, mediterráneas, donde el sol, la luz y el color están presentes. También se podrían observar matices de carácter latino por el uso de estas vibrantes tonalidades. Es durante el siglo XVIII cuando se estudian los efectos que producen los colores sobre la fisiología y psicología humana. En cuanto al significado de los colores, por todos es conocido que el rojo, por ejemplo, nos evoca pasión, amor y deseo, aunque para algunas tribus significa guerra o lucha. Los amarillos felicidad, alegría, sabiduría o muerte y el azul, paz, calma o tristeza entre otras emociones.


Las texturas que la artista genera en sus creaciones, dependen de la acuosidad de la pintura. Trabaja con colores más o menos líquidos para crear diferentes planos y se sumerge en el “Action Painting”, una corriente de abstracción pictórica que nace a finales de 1940 y cuyo máximo exponente será Jackson Pollock. Elvira le da importancia al uso de los colores y a su aplicación, generando movimiento según cómo se utilice la pintura. También le importa la velocidad a la que esta pintura es proyectada sobre su rostro, juega con el estudio previo del color y con el azar, lo cual hará que el resultado final sea siempre una sorpresa guiada por la energía que ella desprende. La artista utiliza técnicas como el dripping, frotados, empapados, explosiones de color que llenan su rostro con gran frenesí. En cada una de sus creaciones, se puede observar cómo la pintura está en diferentes planos, incluso, si queremos, podemos jugar a adivinar qué color se empleó primero y cuál después para obtener el resultado final. Elvira quiere que cuando el espectador se acerque a sus fotografías, con la textura de la pintura, sea capaz de intuir las tres dimensiones.


Elvira descubre que la abstracción es su mejor forma de expresión, con ella puede dar rienda suelta a sus emociones libremente, como ya hemos analizado anteriormente, con el uso del color y de las texturas. La composición en la abstracción existe, ya no solo en cuanto a la forma sino también al uso del color. Elvira conoce muy bien la técnica como para que una composición no “cojee” y se vea limpia y coherente, sin que nada falte o nada sobre. Sin lugar a dudas, lo que la artista nos ofrece con sus obras es la simbiosis perfecta entre el realismo y la abstracción.  

Actualmente y fuera del ámbito de la fotografía, Elvira se encuentra investigando en la escultura. Su proyecto “Faces Project 3D” es la representación de su proyecto fotográfico en las tres dimensiones. Abre ante nosotros un nuevo abanico de posibilidades en el cual la artista utiliza su propia cabeza como “lienzo” en el cual aplicar las técnicas que conoce a la hora de pintar su propio rostro, sin embargo, esta vez no será efímero, sino que quedará para siempre. Utiliza cabezas simples llenas de colorido, pero también se aventura a utilizar ornamentación que integra en estas figuras para aportarle valor añadido. Introduce huesos de animales que encuentra por los campos, ramas de viñedos e incluso piñas de los árboles. Añade también la técnica del “collage” con símbolos de la cultura POP, tan extendida e importante en nuestros días y los combina con colores flúor para conseguir un efecto moderno y fluorescente.

 

Elvira Carrasco es imparable, trabaja con galerías de ámbito nacional e internacional, siendo representada en ciudades como Madrid, Valencia, Barcelona, Cuenca, Málaga, Murcia, París, Nueva York, Tel Aviv, Eindhoven o Chengdu. También ha participado y continúa haciéndolo en ferias de arte de todo el mundo como la Art Palm Beach de Miami, la SCOPE de Basel o la Affordable de Milán, teniendo en su calendario numerosas exposiciones y ferias a lo largo de los próximos años.


 Elvira Carrasco (1990) was born in a small village in the province of Cuenca, Spain. Since she was a child, she has been overwhelmed by paintings, sculptures, drawings and books that will be as influential and important as her own research, through which she discovers techniques that she will not hesitate to use years later.

Elvira is born as a curious girl, who realizes that drawing becomes a way to leave reality in order to embark on a world of which only she, a pen and a paper take part in. She admires the great masters and finds delight in seeing their works both in exhibitions and in museums, something that will undoubtedly mark the personality of this girl, surrounded by an aura that will accompany her throughout her life.

During her academic years, she focuses on studying, leaving her artistic skills aside for many years. She studied History of Art at the University of Valencia and, when she finished, she received a scholarship to work at the Stair Sainty Gallery in London. It was during her stay in London that Elvira, anxious to make her creativity resurface, decided to buy her first camera, something she had been looking forward to for years. 

 As a game, she began to use it immortalizing scenes from the city of London, she met graffiti artists whom she photographed while they were painting and she also created some still lifes with fruits and vegetables that she found in her neighborhood. Months after her discovery, she decides to return to Spain with the only goal of becoming a creative photographer.


In Spain, and specifically, in Valencia, she sets up a studio in her living room, which will allow her to investigate herself and know her own limits. It is at this time when she discovers that self-portrait is a great way to communicate, as it creates scenarios in which she is the protagonist and discovers that she can build fantastic scenes with very few resources. Her enormous creativity allows her to have an active mind and express ideas that without her camera she could never materialize. Elvira feels that she is still playing, that she is free.

It is one of those days when she works with herself when she decides to experiment painting her own face with paint. As if it were a miracle, she discovers that she has just invented a new form of communication with the spectator and that, the painting on her face is the next step to exploit. Picasso said "inspiration exists, but it has to find you working", and this is what happened to her. Months after buying her camera, she was aware that the goal of all this process was to discover the project for which Elvira is now known for.

This is how "Faces Project" was born, an innovative, groundbreaking and fresh project, the result of perseverance and creativity, research and chance. Her project is a proposal for an artistic self-portrait in which "Body Art" is developed, a term that defines the use of one's own body as artistic support or canvas. Artists investigate about their own image since Prehistory, where we find cave paintings that represent both positive and negative human handprints. These type of paintings are also well known in tribes of Africa, Australia or South America, where face and body are painted with different colours extracted from minerals, vegetables or animals to achieve different tonalities. These paintings are used mainly to celebrate ceremonial hunting rituals, events, parties or to simply represent a social status and, like these tribes do, Elvira also uses her hands and fingers to apply the paint on her face and create her own ritual. The forms that these tribes use are usually lines, circles or even representations of animals and each tribe has an exclusive way of painting, each colour or drawing that is represented, allows to completely change the identity of the person, something similar to what happens when Elvira completely covers her face and camouflages herself before our eyes.

In short, the "Body Art” technique has developed throughout history and was very important around the 60s in Europe, with references such as Yves Klein, who painted models’ entire bodies and then translated them into large surfaces that left evidence of these naked bodies.

Elvira always works alone, away from humanity. She prepares and meditates before proceeding to paint herself, she feels fear and a great energy runs through her body, energy that will be the necessary impulse to produce the work without any hesitation. She makes sketches, notes down colours that could fit into her next work and thinks about what the perfect combination could be. After the ritual of painting, the photograph appears. To record this work, which will be ephemeral on her skin but will be captured by her camera, Elvira is placed in front of a window, which will be the source of light and will give us the benchmark, the location where the photograph was taken. The pupils, and the eyes in general, give us a lot of information, in them, we can see the reflection of that window, through which natural light is introduced and, due to this, it can even vary the colour of her blue eyes according to the luminosity of the day.

The word "pupil" comes from Latin and it can be translated as "little girl" or "doll", this is why our darker part of the eye began to be called this way, because if one person looks at another very closely and focuses on what they see in the others’ pupil, they can find the reflection of themselves, which is similar, according to the Romans, to a doll or a girl. Other cultures denominate this appearance or figure within the pupil in different ways, however, all have come to notice this wonderful detail. This is the philosophy of our artist, within her pupils we will not only find the reflection of a window through which we will know the location of the artist at the time of the photograph, but also the reflection of the camera itself, which for Elvira  becomes the girl our ancestors spoke of. The location is very important for the artist, she recognizes each of the places in which she has worked and, of course, they take her to that place and that is where the importance that it entails for her comes in. From her first window from which you could see the  spectacular views of the Valencian Alameda, to the window through which you can see the bell tower of the magnificent church of her village in Cuenca, and to her current studio in Valencia, an attic from which she can enjoy the blue sky, the clouds and the stars everyday. Although her face appears hidden by the painting and is a work of art in itself, through her eyes you can see beyond, the viewer can get close to her feelings, and therefore, herself. These eyes are very expressive although the gesture of her face remains hieratic, they speak to us about sensations and feelings which the artist goes through when creating her work.


The self-portrait is a form of self-knowledge, many artists have used it throughout history, and it is considered one of the most complicated practices because of the level of self-consciousness that it entails. The millennial term "know yourself" that our Greek ancestors already preached about, is well used by the artist, who insists on knowing and experiencing herself in all aspects. Something essential in the self-portrait is the representation of the psyche, of the human soul. Both the physical representation and the character of the person is valued. Self-portraits began to be made very early in history, but it is in the Renaissance that the figure of the artist is dignified and his portrait becomes important. The form of self-portrait evolves, it goes from the representation of the artist forming part of the scene and the crowd, as in the case of Rafael in "The School of Athens", to self-portraits in which the artist appears alone, being him the protagonist, such as the self-portraits of Alberto Durero or Francisco de Goya.


But undoubtedly, if something stands out in her work is colour, shocking, saturated and explosive. Elvira is influenced by her Spanish and, therefore, Mediterranean roots, where the sun and the light are present. Latin nuances can also be observed by the use of these vibrant tones. It is during the eighteenth century that the effects of colours on human physiology and psychology are studied. As for the meaning of the colours, as we all know, red, for example, evokes passion, love and desire, although for some tribes it means war. Yellow expresses happiness, joy, wisdom or death and blue, symbolizes peace, calm or sadness among other emotions.


The textures that the artist makes in her creations depend on the wateriness of the painting. She works with more or less liquid colours to create different blueprints and immerses herself in "Action Painting", a style of pictorial abstraction that was born in the late 1940s and whose major figure will be Jackson Pollock. Elvira gives importance to the use of colours and their application, generating movement according to how the paint is used. She also cares about the speed at which this painting is projected on her face, playing with the previous study of colour and chance, which will make the final result always a surprise guided by the energy that she gives off. The artist uses techniques such as dripping, rubbing, soaking, explosions of colour that fill her face with great frenzy. In each of her creations, you can see how the painting is in different positions, if we want, we can play to guess which colour was used first and which later to obtain the final result. Elvira wants that when the spectator approaches her photographs, with the texture of the painting, he can be able to sense the three dimensions.

Elvira discovers that abstraction is her best form of expression, with it she can unleash her emotions freely, with the use of colour and textures. The composition in abstraction exists, not only in terms of form but also in the use of colour. Elvira knows how to use this technique very well so that a composition does not “limp" and in order to be seen clean and coherent. Undoubtedly, what the artist offers us with her work is a perfect symbiosis between realism and abstraction. 


Currently and outside the field of photography, Elvira is researching about sculpture. Her "Faces Project 3D" is the representation of her photographic work in the three dimensions. It displays before us a new range of possibilities in which the artist uses her own head as a "canvas" in which she applies the techniques she knows to paint her own face, however, this time it will not be ephemeral, instead, it will endure forever. She uses simple heads full of colour, but also ventures to use ornamentation that integrates in these figures to provide added value. She introduces animal bones she finds in fields, branches of vineyards and even pine cones. She also adds the “collage” technique with POP culture symbols, and combines them with fluorescent colours to achieve a modern and radiant effect. 


Elvira Carrasco is unstoppable, working with national and international galleries, being represented in cities such as Madrid, Valencia, Barcelona, ​​Cuenca, Malaga, Murcia, Paris, New York, Tel Aviv, Eindhoven, Saint-Tropez, Lisbon or Chengdu. She has also participated and continues to do so at art fairs around the world such as the Art Palm Beach in Miami, the SCOPE in Basel or the Affordable in Milan, having in her calendar numerous exhibitions and fairs over the coming years.

 

“My real frustration was to do something that no artist had done before, when I discovered it, as a result of knowing about global art, I was able to open a path through which nobody had passed before.” Elvira Carrasco.


ART PALM BEACH, MIAMI (FLORIDA)


Elvira Carrasco, Body Art  

La fotografía, cada vez más accesible al ser humano, se convirtió por fin en el siglo XX, en un arte conocido y reconocido. Después de cruzar la aventura que toda apertura nueva supone ante un colectivo, se practica, valora e inunda galerías de arte, ferias y museos. Damos por sentado su valor artístico y, por ello, su incidencia en la consciencia. El mosaico de autores, aficionados y simples usuarios no hacen más que consolidar el género, acrecentándolo y poniéndolo en el escenario creativo ya sin cortapisas.

Con veintitrés años terminó sus estudios de Historia del Arte, se marchó a Londres y participó del mundillo de las galerías y museos más punteros, pero fue en la calle, compartiendo experiencias con grafiteros y artistas marginales, donde afloró su pasión dormida por la creación. Viajó entonces por Holanda, Francia, Noruega… y se encerró en su actual taller levantino.

Los autorretratos de Elvira Carrasco tienen ese peso de quien ha procesado las revelaciones oníricas, cuna de la materia prima donde se forja el ingenio que tanto me sorprende. La locuaz mezcla entre conocimiento y creatividad es ya irreversible y dota a la artista de ese sentir abstracto que inmortaliza el motivo, más por la forma de presentarlo que por la carga mediática del mismo. ¿Qué es más famoso, un retrato en blanco y negro de Marilyn o Marilyn? Si se posee esa habilidad, el artista adquiere una consideración a tener en cuenta, incluso preocupante y turbadora.

Cuando, como es el caso que nos atañe, se mezcla la creación plástica y la fotografía, el campo se abre a nuevas aventuras. Los rostros sin carne de Elvira Carrasco atrapan los sentidos; presentados sin fondo, flotando en un espacio impoluto, son apariciones llenas de pintura potente, la tribu, el grupo, forjan a base de brocha y acción el marchamo talentoso para la manada.

Desde que, rondando los años setenta, se acuñara el término “Body Art”, muchas han sido las manifestaciones que hemos admirado, (Klein, Gina Pane, Herman Nitsch) donde el cuerpo como soporte, unido a la tecnología y los pigmentos, forjan la piedra angular para manifestar emociones. Elvira y sus rostros pintados en un estadio de vida, han grabado a fuego la marca enriquecedora de sus fotografías mixtas.

Son la cara A de una moneda multidisciplinar: aluminio-CorelDRAW, acrílico-flexográfia, Action Painting; frotados, empapados y un sinfín de técnicas para que el color y la materia se manifiesten en todas sus posibilidades. Aquí hay pintura que Elvira Carrasco aplica con sobrada maestría, fotografía, infografía… y, sobretodo, emoción, originalidad y capacidad de atracción. Lo más sustancioso y mollar es que nada sirve sin todo, y todo supone un esfuerzo a veces angustioso: arrojar materiales con soltura, deslizar un mouse, registrar, eliminar y dejar constancia de lo sucedido fotográficamente requiere también una decisión contundente.

Nos habla la artista de proyectos expositivos, Madrid, París, New York, Tel Aviv… al tiempo que investiga en su taller mediterráneo la forma de materializar su rostro en soportes laminados. Nos dice que quiere llenar el mundo de rostros gigantes, que paren al caminante para encontrar sosiego, o desasosiego, pero siempre vital… con una ansiedad y desvivir casi inhumano, a punto de reventar las válvulas y saltar al vacío, un vacío de tormenta romántico-flamenca en busca de su particular l'île de Cythère y descansar. Esperamos, casi desde el cielo, que siga su camino, lo importante lo tiene: capacidad para la creación, innovación y eternas visiones que son sus propuestas.

Néstor Odeón



Ha tomado la decisión, la del poder del arte. Ya no hay vuelta atrás y el vendaval no se detendrá. En un mundo cada vez más industrializado también nacen flores, la selvática producción de Elvira Carrasco está inundando con sensuales y románticas visiones los ordenadores, redes y virtuales atmósferas.

Toma de los clásicos los encuadres picados para transformarlos en modernas perspectivas, los eleva y multiplica. Historiadora del arte comparte conocimientos con Matisse,  Paul Éluard o el mismísimo Capa. Se nos muestra audaz, tenaz y, algo que está empezando a entrar en desuso, el método y el rigor por el trabajo. Y es misterioso que, una mente tendente a la creatividad y al desorden, acepte la escuela, los procedimientos y el oficio.

Sus autorretratos nos sorprenden.  Aportan un halo de modernidad, propiedad y aportación a la fotografía que su apuesta parece esperada desde los confines del tiempo. Cuando “nace la flor” es cuestión de tiempo que esta inunde la selva con su embriagante aroma. A partir de Elvira Carrasco el autorretrato cobra un valor nuevo, transgresor, capaz de suplantar lo representado por lo presentado. Limpio, pensado, soñado, sentido en toda su inmensidad. Todos queremos ser Elvira Carrasco y ser autorretratados, elevados por los aires cual almas en busca de un asidero terrenal para conectarnos. Yo quiero verte y quiero ver al mundo levitar, y, desde la ingravidez de tu rico cerebro, viajar por esa alfombra sorteando los espacios. Quiero verte volar y contigo a la humanidad, libre, disfrutando la suerte de tu varita mágica… bailar con tus “odaliscas” surcando el cielo.

Cuando descubrí la obra de Elvira Carrasco un soplo de posibilidades se abrió ante mis ojos. Uno tiende a desdeñar “otra propuesta más”,  “todo está dicho” nos hace que miremos de soslayo. Toparse con un retrato puesto así, con esa contundencia, me hizo reflexionar sobre cómo asociar lo humano con lo divino, lo terrenal con lo sublime.

Néstor Odeón



Elvira Carrasco nació para la imagen. Podría ser pintora, cineasta, arquitecto o proyectista. Oculta tras la cámara se nos presenta como un hada de la fotografía. 

Sabe componer y, con afilado ingenio, nos transporta a mundos imposibles, cargados de melancólico duende que percuten en el tálamo causando extrañas emociones.

Elvira ha viajado por Europa, ha pisado las catedrales del arte y le ha servido para desgranar la mágica chispa que prende el arte. Historiadora del arte ha macerado al calor del alma.

En sus propuestas nos invita a participar sin regodeos. Son melodías sensuales que nos absorben sin solución de escape. Metódica y creativa la paradoja vuelve a manifestarse rauda, como torrente imparable que vino y se quedó para llenar el mundo de esperanza y ambrosía.

Con Elvira Carrasco el mundo ha comprado un huracán de sensibilidad para regalárnosla, vestirnos de largo y vivir con la esperanza del que sueña.

Plasmar la personalidad en un mundo cuajado de propuestas por doquier no es baladí, Elvira es capaz de transmitir un haz, cada vez mayor, de autenticidad y rica armonía que son sus imágenes.

Josep Puigdengolas



Desde el Impresionismo a esta parte, y siendo sincero, siempre me ha resultado complicado comprender el arte. Como si un muro transparente se interpusiese entre las obras y mi capacidad de compresión e interpretación. Únicamente en momentos muy puntuales he conseguido romper esa barrera. Hasta ahora.

Es Elvira Carrasco mediante sus aportaciones quien ha dinamitado esta barrera reconciliándome con la contemporaneidad del arte, acercándome a autores como Mondrian desde un ángulo muy diferente: despegando las obras de la frialdad de la pared y reproduciéndolas sobre el calor de su cuerpo, sumándoles la energía, la electricidad y la expresividad que caracterizan a Elvira. Ha conseguido añadirle vida a lo no vivo y esto es algo absolutamente admirable.
La potencia artística de Elvira es una evidencia. Vivo ansioso por ir descubriendo cada nueva aportación que decida regalarnos.

Anxo Arca



En mi tierra hay mucho talento, La Manchuela siempre ha propiciado el trabajo de artistas que en silencio, con tesón y trabajo se van forjando en los pueblos, aunque estén fuera de ellos.
Una de ellas es Elvira Carrasco. Visitar su página de fotografía empieza a resultar cada vez más interesante.

Manuel Minaya